LA NARRATIVA DE LOS SIGLOS XIII Y XIV.

Durante el siglo XII, se va a producir en toda Europa un amplio resurgir de la cultura. Para empezar, crecen las ciudades y aparece una nobleza cada vez más refinada; se abren rutas comerciales; florecen las peregrinaciones y las cruzadas, pero también, se fundan en Italia, Francia e Inglaterra, las primeras universidades. Estos primeros centros de saber, conocidos como “studium generale”, traerán consigo una nueva valoración de la cultura y del saber que pronto vivificará el pensamiento de Europa. Sin embargo, lo cierto es que este renacimiento cultural, no llega a Castilla durante el s. XII sino en el XIII ( así, por ejemplo, nuestra primera universidad, la de Palencia, se fundó alrededor de 1208 a 1214).
Por otro lado, durante el siglo XIII tiene lugar un fenómeno de gran trascendencia para el tema que nos ocupa. Hasta ese momento, se distinguían dos tradiciones culturales y literarias que funcionaban de manera paralela y prácticamente independiente. Una tradición culta y erudita, receptora de los saberes de la Antigüedad clásica, que creaba y transmitía sus textos por escrito en latín; y una tradición popular, ajena a la escritura, y cuya conservación y transmisión se producía oralmente y gracias a las incipientes lenguas romances. El fenómeno al que nos referimos es la fusión de esas tradiciones por iniciativa culta; pues la literatura en general empezará a utilizar la lengua romance como procedimiento único de difusión del saber.
En este proceso, será indispensable la aportación del Concilio de Letrán (1215-16), pues bajo la máxima “fideos quarens intelllectum” – la ignorancia, no era el mejor camino para la salvación-, se impone la
necesidad de establecer un nuevo panorama de evangelización basado en el uso de las lenguas romances. Como consecuencia de este énfasis en lo didáctico surgirá toda una nueva literatura de carácter y temática culta, pero dedicada al pueblo y dirigida a su evangelización.
EL MESTER DE CLERECÍA
Mester de Clerecía (del latín, “ministerium”) significa “oficio propio de clérigos”, pero “clérigo” significaba dos cosas: persona que pertenece a la institución eclesiástica, y también, persona que posee conocimientos superiores, especializados o profesionales (“clerecía” significaba “sabiduría”). Por esta razón, podemos hablar de un Mester de naturaleza eclesiástica, y otro de naturaleza profana. El
religioso es aquel cuyos contenidos corresponden a los saberes específicos de la Iglesia como institución; o sea, el dogma, la liturgia, la teología, la Biblia y las vidas de santos. Por otro lado, fuera del ámbito eclesiástico, existió un Mester de Clerecía profano. Se trata también de literatura culta en lengua vulgar, pero sus contenidos no son específicamente religiosos. Una obra paradigmática dentro de la clerecía profana es el Libro de Alexandre, relato sobre las hazañas de Alejandro Magno.
¿QUÉ CARACTERIZA AL MESTER?

Precisamente en el Libro de Alexandre encontramos la definición de la clerecía en la estrofa 38, cuando Alejandro Magno conversa con Aristóteles. Estos versos resumen las características fundamentales de esta primera escuela literaria castellana. Fijaros:

Entre las características que señala esta estrofa, la primera de ellas, tiene que ver con el concepto de autor culto e individual pues, los autores del mester, frente a los juglares, muestran en sus
obras la conciencia de ser superiores a los poetas de gesta en tres aspectos: en su cultura, en su intención y en función social, y en la técnica del verso. En cuanto a los temas, las obras de clerecía muestran una temática variada, acorde a cada una de las vertientes señaladas. La clerecía religiosa se ocupa de temas litúrgicos, hagiográficos, doctrinales y marianos; mientras que la clerecía profana prefiere los temas legendarios, históricos o amorosos. Sin embargo, será la métrica el elemento más caracterizador.
Así, la estrofa usada es la cuaderna vía, o tetrástrofo monorrimo, compuesta por cuatro versos alejandrinos (de catorce sílabas) con rima consonante y divididos mediante una cesura en dos hemistiquios de siete sílabas cada uno. Otra de las características que señala esta estrofa del Mester es, la utilización de la lengua romance (el “roman paladino”) en la composición de las obras, con el fin de que todo el mundo las pueda comprender. Y ya por último, su intención didáctica; es decir, todas estas obras pretenden transmitir algún tipo de enseñanza, aunque ésta no sea siempre de carácter religioso.

Aún así, no podemos olvidar que existen diferencias notables entre la producción del Mester
durante el s. XIII y el s. XIV pues, durante este último periodo, encontraremos numerosos cambios temáticos y formales que derivan, en parte, de la desconfianza que ha generado la situación crítica que
vive el país. Así, la peste, las revueltas populares y la insurgencia general del s. XIV formarán un clima de pesimismo y carnavalización que impregnará toda la literatura.
EL MESTER DURANTE EL S. XIII. GONZALO DE BERCEO Y LOS MILAGROS DE NUESTRA SEÑORA

Gonzalo de Berceo es el primer poeta castellano de nombre conocido, pero son muy pocos los datos que tenemos sobre su vida. Nació en los últimos años del siglo XII, probablemente hacia 1198, en Berceo, lugar de la Rioja cercano al monasterio de San Millán de la Cogolla, donde se educó, como él mismo nos dice en sus obras. De los documentos conservados que nos ofrecen datos sobre el autor, se deduce que fue clérigo, y que ejerció en dicho monasterio un cargo de índole administrativa y legal.
La obra de Berceo gira alrededor de la temática religiosa ( doctrinal, hagiográfica y mariana), aunque con una cierta variedad. Aún así es quizá Los Milagros de Nuestra Señora su obra más conocida . A nivel
ideológico y temático, se ubica en el contexto de la mariología tardomedieval, una corriente espiritual que trata de ensalzar a la Virgen presentándola como intercesora entre Dios y los hombres. Es la nueva visión que transmite el arte gótico y que se conoce, a nivel iconográfico, como Theotokos (en griego:Θεοτόκος; en latín: Deipara o Dei genetrix) es una palabra griega que significa Madre de Dios (literalmente, ‘la que dio a luz a Dios’).
El texto en sí es una colección de veinticinco milagros precedidos de una introducción alegórica entre cuyas fuentes cabe citar el Manuscrito Thot 128 de Copenhague, que contiene 28 milagros en latín, de los que 20 están en Berceo. Además, ofrece coincidencias con otras obras de este tipo, como el Speculum
Historiale, de Vicente de Beauvois, la Leyenda aurea de Jacobo de Vorágine… No obstante, la recreación del clérigo castellano es distinta.
Puedes ampliar la información y encontrar lecturas en el siguiente enlace:
EL MESTER DURANTE EL S. XIII. GONZALO DE BERCEO Y LOS MILAGROS DE NUESTRA SEÑORA
EL MESTER DE CLERECÍA EN EL S. XIV
El siglo XIV representa el inicio de una crisis política y social que atañe a todos los aspectos de la vida y la cultura, provocando el giro decisivo hacia una nueva sociedad. Las constantes guerras civiles de la segunda mitad del siglo (Pedro I el Cruel y E. de Trastámara, la guerra de los 100 años contra Portugal…), la peste negra, los conflictos sociales y el ascenso de la burguesía crearon un panorama especialmente complejo en Castilla. En él, empiezan a mostrarse caducos muchos valores, instituciones y fórmulas consagradas por la tradición. Acorde con el gusto de esta nueva clase social burguesa, aparece una literatura nueva, de cierto tono realista y satírico, que reemplazará a los ideales caballerescos y religiosos de las épocas anteriores.
Es precisamente en esta época de cambios cuando ve la luz el Libro de Buen Amor, de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita. Los datos concretos que tenemos sobre el supuesto autor nos los da la misma obra, la única que se le conoce y en la que su nombre aparece en dos ocasiones. La crítica ha tratado de identificarlo con varios Juan Ruiz que vivieron en la primera mitad del XIV, sin llegar a nada concluyente. Incluso, algunos críticos, proponen que tanto el nombre de Juan Ruiz, como el cargo de Arcipreste, pueden ser simples ficciones literarias, empleadas para encubrir su identidad. Y es que el propósito de la obra, como se verá, es precisamente escribir un relato satírico de la conducta “poco ejemplar” de algunos miembros de la jerarquía eclesiástica.

Con todo, el libro se presenta a modo de autobiografía y narra las aventuras amorosas del protagonista, sin embargo, está admitido por la mayoría de estudiosos que se trata de una autobiografía ficticia, por lo que no deberíamos confundir al protagonista con el autor. Así estaríamos ante una obra con “apariencia de autobiografía”, voluntariamente contradictoria, que tendría como modelo, la literatura autobiográfica y la erótica oriental.
A continuación se enlaza la teoría y algunos textos:
EL ARCISPRESTE DE HITA Y EL LIBRO DEL BUEN AMOR
CREADORES DE CULTURA CORTESANA. LA PEDAGOGÍA NOBILIARIA MEDIEVAL

Don Juan Manuel continuó la labor iniciada por su tío, Alfonso X y se puede considerar el máximo representante de la prosa del siglo XV.
Nacido en Escalona (Toledo) en 1382, don Juan Manuel de Borgoña y Saboya era sobrino del rey Alfonso X, el Sabio y perteneció a la alta nobleza. Recibió la educación propia de un caballero medieval: se le instruyó en las letras (latín, teología y derecho) y en el arte de la caballería y de la guerra.
Participó activamente en las intrigas cortesanas contra Alfonso XI, aunque más tarde se reconcilió con él y lo ayudó en la victoria del Salado (1340) contra los musulmanes.
Fue de este modo uno de los primeros caballeros en compaginar la carrera de las armas con la labor de escritor. Se retiró en su vejez al monasterio de Peñafiel, donde se dedicó al descanso y al cuidado de su obra, preocupado por el estilo y la corrección de sus escritos y por su preservación. Murió en 1348 en Córdoba, aunque sus restos reposan en Peñafiel.
Noble ambicioso, escritor orgulloso de serlo, don Juan Manuel es el primer caballero que encarna el ideal de cultivar a la vez las armas y las letras. Su fuerte personalidad se manifiesta una y otra vez en su obra, teñida de intención moral y didáctica, bien porque suele elegir los temas que interesaban a los nobles de su tiempo, o bien porque aporta abundantes datos autobiográficos en sus libros.
Su condición de noble le hace mostrar cierto desprecio hacia la cultura clerical en latín, quizá por eso predominan en su obra las fuentes orientales. Como los demás autores medievales, don Juan Manuel no siente la necesidad de ser original, pero sí maneja sus fuentes con libertad.
Puede que don Juan Manuel sea también el primer escritor castellano que se afana por conseguir un estilo propio, que él desea claro y conciso. Sin embargo, en su voluntad de ser perfectamente comprendido, puede resultar repetitivo en algunos pasajes.
Además de su obra más lograda, El conde Lucanor, don Juan Manuel escribió otros libros, algunos de ellos perdidos a pesar de sus esfuerzos por conservar los manuscritos. Destacan el Libro del caballero y el escudero, basado, al parecer, en el Llibre del orde de la cavaylería de Ramón Llull. El Libro de los Estados tiene su origen en la leyenda de Barlaam y Josafat (una versión cristiana de la leyenda de Buda).
El Conde Lucanor

El Conde Lucanor (h.1330) constituye la primera gran colección de cuentos en castellano. El libro está precedido de dos prólogos y presenta tres partes: una colección de cincuenta y un ejemplos, una relación de proverbios y un tratado doctrinal.
Los cuentos van dirigidos a un público general. Cada relato está enmarcado por un diálogo entre el conde Lucanor y Patronio y siempre tienen la misma estructura:
- El conde Lucanor cuenta sus preocupaciones a Patronio, su consejero.
- Patronio le aconseja a través de un ejemplo, un cuento o un relato breve y le transmite una enseñanza moral o religiosa.
- Tras oír a Patronio, se indica que el conde Lucanor aplicó su enseñanza con buenos resultados.
- Al final interviene el autor, don Juan Manuel, que manda escribir el ejemplo y sintetiza la moraleja en unos versos.
Las fuentes de los ejemplos son muy diversas. Hay relatos procedentes de remotos textos orientales, otros derivados de ejemplos usados por los predicadores para amenizar los sermones y, por último, algunas fábulas de la tradición grecolatina.
Los personajes
Es necesario distinguir los personajes del marco narrativo de los de los relatos:
- Personajes del marco narrativo:
- El conde Lucanor. Es en realidad, un trasunto del propio don Juan Manuel. Sus preocupaciones son las típicas de un noble ambicioso que pretende engrandecer sus dominios y, al mismo tiempo, asegurar la salvación de su alma.
- Patronio. Es el consejero del conde. Representa también a don Juan Manuel, pero en su faceta de educador y narrador.
- Don Juan Manuel. Al final de cada ejemplo aprueba el relato y su aplicación práctica en la vida de Lucanor, respaldando su valor literario y su validez didáctica.
- Personajes de los relatos:
- Personajes históricos. Al modernizar el contenido de los cuentos, don Juan Manuel introduce conocidas figuras históricas de la Edad Media: Ricardo Corazón de León, el sultán Saladino, Alvar Fáñez, etc.
- Personajes tipo. Encontramos una galería de figuras representativas de esta época: ancianos pobres, beatas, ermitaños, comerciantes, moras…
- Animales. Son frecuentes en los ejemplos que proceden de fábulas de Esopo: la hormiga representa la laboriosidad; la zorra, la astucia; el león, la valentía, etc.
Contenido
Frente a los juglares que divertían con sus declamaciones memorísticas y su espectáculo en directo, don Juan Manuel es un noble, un caballero que pretende una función didáctica propia de su elevada condición social, es decir, inculcar en el pueblo la cosmovisión nobiliaria. El conservadurismo social y política confirma normas sociales, culturales, religiosas y políticas establecidas. Así, los ejemplos recogen relatos útiles para un noble castellano de finales de la Edad Media y sus preocupaciones: la «hacienda» y la «honra», al tiempo que la salvación de su alma.
Organización
El Conde Lucanor se inscribe en una corriente cuentística en la que confluyen la tradición oriental, transmitida por los árabes en la Península, y la tradición clásica. De la primera, el autor toma la organización de los relatos dentro de un marco narrativo. El diálogo entre el conde Lucanor y Patronio, que se repite de manera casi idéntica en cada uno de los ejemplos, sirve de estructura organizativa.
A diferencia de lo que ocurre en otras colecciones europeas contemporáneas — como el Decamerón del italiano Boccaccio, o Los cuentos de Canterbury, del inglés Chaucer—, la obra de don Juan Manuel carece de un relato global que incluya dentro de él el conjunto de las narraciones. Las características que unen los ejemplos son la similitud de los temas tratados y la repetición del modo en que están organizados y presentados los relatos, de manera que estos forman una serie parecida a la de las cuentas de un collar.
Temática
La temática de los ejemplos puede dividirse en dos grupos: uno tiene que ver con las inquietudes espirituales y el otro con la vida en la tierra. Así aparecen los temas de la guerra y la paz, de la riqueza y la pobreza, de las relaciones en el seno familiar, del engaño y la lealtad entre amigos. Otros ejemplos muestran las consecuencias negativas que se siguen de las debilidades humanas (frecuentar malas compañías, fiarse de los aduladores, caer en la ira o la avaricia…).
Estilo
Este autor tiene una clara conciencia de escritor, por lo que en sus obras muestra su voluntad por cuidar el estilo. Emplea un estilo que muestra su preocupación por el lenguaje, con un amplio vocabulario, una adjetivación exacta y un uso excesivo de oraciones copulativas, lo que imprime a sus escritos un ritmo lento.
La prosa de don Juan Manuel supone un gran avance en el desarrollo de la literatura en castellano. Utiliza frases subordinadas unidas con nexos lógicos que sirven de vehículo a las reflexiones morales, pero también sabe emplear el diálogo que muestra a los personajes tal como son. Su dominio de la retórica se manifiesta en el uso de imágenes y en la alternancia entre un estilo amplificatorio (los cuentos) y otro breve y condensado (los versos finales).
Los cuentos de don Juan Manuel han sido recreados por otros autores en numerosas ocasiones. El relato «De lo que contesçió al mancebo que casó con una mujer muy fuerte y muy brava» sirvió de inspiración a Shakespeare en La fierecilla domada y a Alejandro Casona en Retablo jovial. «De lo que constesçió al rey con los burladores que fizieron el paño» fue imitado por Cervantes en El retablo de las maravillas.
El texto completo de El Conde Lucanor está disponible, como siempre, en la Biblioteca Virtual Cervantes.