TALLER DE MICRORRELATOS

Microrrelatos, minificciones, historias ultrabreves, relatos bonsái… Parece que no se terminan las denominaciones para un género, el del microrrelato, que sigue en ebullición. Hablamos, al margen de la terminología, de un tipo de narración breve que nos ofrece una historia relámpago en la que los elementos habituales del cuento se reducen a su mínima expresión, sin que eso afecte a la eficacia de la pieza narrativa.

No los subestimes porque estamos ante uno de los géneros más complicados al requerir de un vocabulario de alta precisión y de una narración de máximo impacto.

Para empezar, ¿qué es el microrrelato?

En el nombre está la definición. El microrrelato es un relato hiperbreve, una narración más breve que el cuento, pero que va más allá del aforismo, ya que debe contar una historia. Encontraremos microrrelatos que van desde una línea hasta aproximadamente 500 palabras.

La RAE define el microrrelato como un relato muy breve, pero podemos añadir que además de por su brevedad se caracteriza por:

  • Vocabulario muy preciso.
  • Capacidad de generar intensidad suficiente para turbar al lector.

Así, los buenos microrrelatos son aquellos que te llevan por un camino atractivo, que parece previsible hasta que, de repente, te sorprende y te descuadra. También hay microrrelatos que generan un enigma cuyo final desvela, deja en suspense …etc.

Algunas pautas sobre cómo escribir un microrrelato

  1. Un microrrelato no es el resumen de un cuento más largo, ni una anécdota, ni una frase graciosa u ocurrente, es una historia mínima con principio, pero sobre todo, final.
  2. No suele funcionar el esquema narrativo de planteamiento, nudo y desenlace. El nudo, que suele ser el desarrollo de la historia, se suprime para ir directamente al clímax, ese momento cercano al final donde el protagonista encuentra la dificultad máxima y es ahí donde aparece el giro inesperado.
  3. Al escribir un microrrelato las descripciones sobran, no se pueden introducir muchos personajes, ni múltiples escenarios, ni el periodo de tiempo puede ser largo, hay que concentrarse en uno o dos protagonistas y en una sola acción.
  4. La selección de lo que mostramos es fundamental. A veces, un único detalle puede decirlo todo, podemos empezar confeccionando un texto más largo y jugar a recortarlo lo máximo que podamos, aunque cuidado con la tijera, porque puede hacer que la historia pierda el sentido.
  5. Ponerse en la piel del lector es importante cuando se escribe un microrrelato, se debe intentar pensar distinto a lo que el lector pensaría, es así como se consigue el efecto sorpresa.
  6. En todos los géneros, pero sobre todo en el microrrelato, se debe huir de tópicos, de comienzos trillados y de personajes comunes.
  7. No te quedes con la primera versión, intenta jugar con las palabras y moldear el microrrelato para conseguir el mejor efecto posible y la sorpresa máxima.
  8. Uno de los valores de la construcción del microrrelato es el doble sentido, lo insinuado.

Ahora ejemplos:

La partida de Franz Kafka

Ordené que trajeran mi caballo del establo. El sirviente no entendió mis órdenes. Así que fui al establo yo mismo, le puse silla a mi caballo y lo monté. A la distancia escuché el sonido de una trompeta y le pregunté al sirviente qué significaba. Él no sabía nada ni escuchó nada. En el portal me detuvo y preguntó:

-¿Adónde va el patrón?

-No lo sé -le dije-, simplemente fuera de aquí, simplemente fuera de aquí. Fuera de aquí, nada más, es la única manera en que puedo alcanzar mi meta.

-¿Así que usted conoce su meta? -preguntó.

-Sí -repliqué-, te lo acabo de decir. Fuera de aquí, esa es mi meta.

Un sueño, de Jorge Luis Borges

En un desierto lugar del Irán hay una no muy alta torre de piedra, sin puerta ni ventana. En la única habitación (cuyo piso es de tierra y que tiene la forma de círculo) hay una mesa de maderas y un banco. En esa celda circular, un hombre que se parece a mi escribe en caracteres que no comprendo un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre que en otra celda circular…El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben.

La manzana, de Ana María Shua

La flecha disparada por la ballesta precisa de Guillermo Tell parte en dos la manzana que está a punto de caer sobre la cabeza de Newton. Eva toma una mitad y le ofrece la otra a su consorte para regocijo de la serpiente. Es así como nunca llega a formularse la ley de gravedad.

Hablaba y hablaba, de Max-Aub

Hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo. Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar: se le reventaron las palabras por dentro.

Calidad y Cantidad de Alejandro Jodorowsky

No se enamoró de ella, sino de su sombra. La iba a visitar al alba, cuando su amada era más larga

El dinosaurio de Augusto Monterroso

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí.

Amor 77, de Julio Cortázar

Y después de hacer todo lo que hacen se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.

Carta del enamorado, de Juan José Millás

Hay novelas que aun sin ser largas no logran comenzar de verdad hasta la página 50 o la 60. A algunas vidas les sucede lo mismo. Por eso no me he matado antes, señor juez.

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