LOS CANTARES DE GESTA
La Edad
Media es la época en la que surgen los primeros textos
épicos fijados por la escritura romance,
a fines del siglo XI. Sin embargo, durante el periodo se llamarán
cantares de gesta
(del
latín gesta-orum,
«hechos, hazañas» y
en ellos, por norma, se resaltará el espíritu
heroico que anima a
una colectividad
en un periodo crucial para la formación de la identidad nacional.
Los
cantares conservados no llegan al centenar, en su mayoría están en
lengua
francesa y otros, en ínfima proporción en provenzal y en
castellano. Entre otros, podemos destacar: la Chanson
de Roland,
en Francia, el Cantar
de los Nibelungos,
en Alemania, el Beowulf
para los sajones y el Cantar
de Mío Cid,
en España.
La
extensión de estos cantares es muy irregular: oscila entre los
ochocientos y los veinte mil versos, si bien los de mayor longitud
suelen ser tardíos y presentar contaminaciones con la novela. Al
igual que la epopeya,
no
se
componían
para ser leídos, sino para
ser escuchados
y de divulgarlos se encargaban los juglares,
que se solían acompañar de instrumentos de cuerda y que ejercitaban
su misión frente a toda suerte de público.
Fusión de Historia y poesía
Como
ya se ha señalado, el cantar de gesta genuino tiene un fondo
histórico
cierto, al que es más o menos fiel. Sin embargo, esta fidelidad a la
exactitud histórica de lo narrado reviste una serie de matices. Por
lo general, cuanto más remoto es el asunto de una gesta, más pesan
en ella las versiones tradicionales y legendarias de los hechos y más
se aparta de la realidad histórica, al paso que, cuando relata
hechos sucedidos en un pasado próximo, la fidelidad a lo que
realmente acaeció es mayor, entre otras razones porque el público
que ha de escuchar los versos conoce con más precisión el asunto y
sus personajes. Por otra parte, cuando la gesta tiene por escenario
las mismas tierras en que se desarrollaron los acontecimientos que
poetiza, suele mantener unos datos
geográficos, ambientales y sociales mucho
más fieles a la realidad que aquellas gestas que transcurren en
países lejanos y exóticos.
Cantos, noticias y juglares.
La
crítica debate desde hace siglo y medio cómo se generaron estos
relatos más o menos históricos que son los cantares
de gesta,
y hay quien sostiene, que determinados acontecimientos, sobre todo
grandes campañas militares, suscitaron inmediatamente cantos que
narraban sus trances más salientes o las hazañas de los guerreros
más famosos, con la finalidad de informar a una colectividad
vivamente interesada. Por tanto, en
origen,
serían algo así como breves composiciones en verso, o «cantos
noticieros»,
que podríamos comparar, en cuanto a su
finalidad informativa,
a los modernos reportajes
periodísticos.
Muchos de estos relatos debieron de conservarse en la memoria popular
y en la tradición juglaresca hasta que, en un momento determinado,
el juglar, con libertad creadora, construiría un relato versificado,
con su planteamiento, nudo y desenlace, entreteniéndose en la
caracterización de los personajes, en las descripciones de las
batallas, en los diálogo, en las relaciones amorosas y en todo
aquello que, por lo general, entretuviese al público.
Parece
evidente que en una época remota las gestas fueron creaciones
orales
sin forzosa transcripción a la escritura. Pero si hoy conocemos
cantares de gesta, lo debemos exclusivamente a que hubo amanuenses
que los copiaron en manuscritos. Entre éstos hay un pequeño número
que se denominan cuadernos
juglarescos
porque constituían el memorándum o libreto del juglar, con los
cuales éste refrescaba la memoria antes del recitado o aprendía
cantares que hasta entonces le eran desconocidos. Con todo, el
recitado juglaresco
era extraordinariamente libre y amoldable. El juglar
no estaba obligado a someterse aun texto determinado y fijo, sino
que, según los gustos del público ante el que actuaba, alargaba o
acopaba la narración, inmiscuía escenas o versos, recargaba el
dramatismo de ciertos pasajes o interrumpía el relato para pasar el
platillo, anunciando al auditorio que no narraría el final de una
aventura si no se mostraba generoso con él Además, el juglar
recitaba
de memoria,
por lo que la improvisación
y
el dominio de las técnicas de versificación oral era sumamente
importante.
El argumento: la biografía fabulosa del
héroe
Las
figuras centrales de los cantares de gesta son héroes históricos
cuya empresa y cuyas hazañas suscitaron la admiración y el orgullo
nacional, como lo son Carlomagno para Francia y el Cid Campeador para
Castilla. De ahí que la
estructura básica de estos poemas, a nivel argumental, siempre sea
la misma: el enfrentamiento entre dos grupos de personajes,
el protagonista (o protagonistas) y el antagonista (o antagonistas);
enfrentamiento que se producía principalmente por motivos
religiosos, de honor, de ley o morales. En consecuencia, la
epopeya divulga en primer lugar y ante todo, los hechos del
protagonista en una etapa cumbre y decisiva de su vida. Pero con esto
no queda satisfecha la curiosidad del público, que quiere conocer lo
que sucedió antes y después, los orígenes y las consecuencias de
lo más sabido, y los juglares han de responder a este deseo. De ahí
que las gestas se vayan extendiendo y organizando en ciclos, o sea,
en acumulación de cantares de épocas diversas, cuyo conjunto viene
a convertirse en una especie de historia poética de héroes o de
linajes de héroes. Por ello, la invención invade cada vez más el
campo de la tradición nacida de la historia, y así surgen cantares
sobre la infancia o juventud de los héroes, con datos fabulosos,
como los que poseemos sobre las mocedades de Carlomagno y el Cid. En
ellos el residuo histórico se va diluyendo y cada vez más es
patente el influjo de la novela de aventuras de caballeros, que ha
surgido en la segunda mitad del siglo XII de la mano de Chrètien de
Troyes.
