EL TEATRO GRIEGO Y ROMANO

Orígenes del teatro

El hombre, ser mimético
El hombre es un ser mimético, es decir que es capaz de imitar o de reproducir (con
los gestos y con la voz) algo de lo que tiene a su alrededor.
El espíritu mimético del hombre es tan viejo como la propia Humanidad.
Y al acercarnos al amanecer de la Historia, vemos como en este espíritu mimético
confluyen el arte y la religión.

Aún así, el origen del teatro está envuelto en misterio y mito pero está relacionada con la danza, la música, la magia y las prácticas simbólicas-religiosas. Por ello se afirma que los primeros antecedentes del Teatro se sitúan en los sacerdotes de las antiguas tribus (chamanes) que interpretaban con su cuerpo y voz al dios o dioses invocados; también en distintos cantos guerreros y rituales mágicos relacionados con la caza o las cosechas.

Por ello, hoy se afirma que los orígenes del teatro se encuentran en antiguos ritos de origen prehistórico, donde el ser humano empezó a ser consciente de la importancia de la comunicación para las relaciones sociales. Ciertas ceremonias religiosas tenían ya desde su origen cierto componente de escenificación teatral. En los ritos de caza, el hombre primitivo imitaba a animales (danza mimética, representada en cuevas y abrigos rocosos del mesolítico, donde se ve a arqueros, lanceros y personas ataviadas con máscaras y cuernos de ciervo, que probablemente copiaban también sus movimientos y sonidos); del rito se pasó al mito, del brujo al actor. En África, los ritos religiosos mezclaban el movimiento y la comunicación gestual con la música y la danza, y objetos identitarios como las máscaras, que servían para expresar roles o estados de ánimo. Estos ritos reforzaban la identidad y la cohesión social: los gun de Porto Novo (Benín) hacen el kubitó, ceremonia mortuoria donde los participantes, con técnicas de prestidigitación, desaparecen del público; los ibo de Nigeria celebran el odo, sobre los muertos que retornan; los dogon de Malí practican el sigui cada 60 años, en celebración del primer hombre que murió; los abidji de Costa de Marfil tienen el dipri, fiesta agrícola de año nuevo, donde se clavan cuchillos en el vientre, cicatrizando luego las heridas con una pasta. En la América precolombina se desarrolló una forma de teatro en las culturas maya, inca y azteca: el maya estaba relacionado con fiestas agrícolas, e ilustraba historias del Popol Vuh; el azteca desarrolló notablemente la mímica, y tenía dos vertientes, una religiosa y otra burlesca; el inca, escrito en quechua, servía a intereses del estado.

El teatro antiguo. El gran teatro griego

En Grecia nació el teatro entendido como «arte dramático». El teatro griego evolucionó de antiguos rituales religiosos (komos); el ritual pasó a mito y, a través de la «mímesis», se añadió la palabra, surgiendo la tragedia. A la vez, el público pasó de participar en el rito a ser un observador de la tragedia, la cual tenía un componente educativo, de transmisión de valores, a la vez que de purgación de los sentimientos («catarsis»). Más adelante surgió la comedia, con un primer componente de sátira y crítica política y social, derivando más tarde a temas costumbristas y personajes arquetípicos. Apareció entonces también la mímica y la farsa. Los principales dramaturgos griegos fueron: Esquilo, Sófocles y Eurípides en tragedia, mientras que en comedia destacaron Aristófanes y Menandro.1

Con todo, se considera a Tespis padre del teatro griego, en la segunda mitad del siglo VI a.C., pues él fue quien separó a un integrante del coro (que interpretaba cantos y danzas en honor de los dioses) e hizo que dialogara con éste. Tespis llevaba de pueblo en pueblo carros en los que actuaban actores con la cara embadurnada, para celebrar la vendimia.

Máscaras de teatro griego en una pintura pompeyana
El teatro en Grecia tuvo su apogeo entre los siglos VI y III aC.

Como ya hemos dicho es Grecia la cuna del teatro en Occidente. A partir de una serie de
rituales que se celebraban en honor al dios Dionisios (fiestas dionisíacas), divinidad
que representaba la vegetación, la fertilidad, las cosechas, la vid, el vino. Estas
celebraciones eran en agradecimiento y también para pedir buenas cosechas.
En un principio se relataban hazañas y peripecias de Dionisios, pero en algún
momento alguien toma el lugar del dios y habla y acciona en su nombre. Ese momento
en que la narración de un hecho (en tercera persona) se transforma en
representación del mismo (en primera persona), es considerado el nacimiento del
teatro, porque aparece la encarnación de un personaje.

En su libro “Poética” (IV aC), Aristóteles describe al teatro y define lo que debían
ser sus tres características básicas, así consideradas por todo el teatro clásico:
unidad de lugar, unidad de tiempo y unidad de acción.
Las obras eran representadas por un actor y el coro. El actor (uno solo) era quien
desempeñaba todos los papeles, cambiando de máscara para decir las partes de los
distintos personajes. El coro representaba la voz del pueblo y tenía a su cargo
también la parte cantada (oda) y danzada, y su director era el corifeo.
Con la evolución del teatro, aparecieron más actores que se repartían los personajes
de las distintas obras. A las mujeres les estaba vedado hacer teatro.
Los griegos diferenciaron claramente dos formas teatrales: la tragedia y la
comedia.

La tragedia es una forma dramática cuyo personaje protagónico se ve enfrentado
de manera misteriosa, invencible e inevitable contra el destino o los dioses, o es un
héroe que desafía las adversidades con la fuerza de sus virtudes.
Sus personajes son nobles, personas importantes, poderosos y de cierta altura
moral.
La tragedia se presenta como una situación en equilibrio que comienza a cambiar a
partir de ciertos hechos y/o descubrimientos que complican la armonía del
protagonista. La tragedia acaba generalmente en la muerte o en la destrucción
física, moral y económica del protagonista, quien es sacrificado así a esa fuerza que
se le impone, y contra la cual se rebela con orgullo insolente (hybris).
Una característica fundamental de la tragedia, y que la diferencia de otras formas
dramáticas, es que el personaje cae con dignidad, sin dar lástima, sin pedir
clemencia, aceptando y desafiando de pie su destino.
La tragedia se caracteriza por generar una catarsis (purgación de sentimientos o limpieza de las pasiones) en el espectador. Esta catarsis es provocada por la identificación del público con los
personajes (Aristóteles, “Poética”). Así pues, la tragedia griega está dominada por el destino o fatum, que el héroe no puede eludir de ningún modo y al que sucumbe siempre al final. Los dioses intervienen en la vida de los hombres con frecuencia.

Entre los dramaturgos trágicos griegos más trascendentes están Sófocles (“Edipo”, “Antígona”), Eurípides
(“Medea”, “Las troyanas”) y Esquilo (“Los persas”, “Las suplicantes”).

La comedia es una forma dramática cuyos personajes son más comunes, más
populares, más terrestres, y los conflictos que se desatan también son del orden de
lo terrenal. Inversamente a lo que ocurre en la tragedia, la situación en la comedia se
presenta en comienzo conflictiva, para luego, a través de una serie de peripecias,
mutar y terminar con un final feliz para el protagonista.
La comedia fue el medio favorito de crítica para los dramaturgos griegos, que
exponían en ella las costumbres que debían ser cambiadas, los males que acechan al
hombre, sobre todo al que tiene poder sobre los demás, el político, el juez, el
legislador. La comedia utiliza la parodia, el sarcasmo, como modo de reírse inteligentemente de
todo aquello que cree merece ser revisado como comportamiento humano. Así la pretensión de la comedia era reflejar humorísticamente los tipos humanos y sus vicios. En principio tuvo su origen en la burla de los mitos que se representaban en los carros, y estaba constituida sobre todo por obscenidades, burlas y parodias. Los personajes eran el comilón, el viejo achacoso, el avaro, el tonto, el obseso sexual, etc.

El autor de comedias griego más relevante es Aristófanes (“Lisístrata”, “Las nubes”)

Teatro griego de Epidauro

Los teatros griegos

Los teatros griegos se excavaban en la falda de una colina, lo que permitía fácilmente formar los graderíos para el publico. El graderío ocupaba dos tercios del total y sólo un tercio se reservaba a la escena, donde no había escenografía ni decorado, sino simples columnas de piedra. En el escenario se situaban los actores y el coro. La orquesta o foso antes de los graderíos podía ser ocupada por los músicos y danzarines, pues en el teatro griego estos elementos eran indispensables. El teatro griego mejor conservado y el más grandioso es el de Epidauro, cuya planta se ve en la imagen. Tiene capacidad para 14.000 espectadores y, convenientemente restaurado, es utilizado por la Compañía Nacional Griega para festivales de verano. Sorprende su magnífica acústica.

El teatro en Roma

Para los romanos pasa a ser el teatro un juego y un entretenimiento, en contra de la concepción griega, que lo consideraba un ritual. Con Roma, aparece la figura del empresario, que paga a los actores y autores, y que cobra una entrada al público. Sólo cuando el Estado se hace cargo de los espectáculos teatrales pasa a ser gratuito. Los romanos apenas cultivan la tragedia, y si lo hacen, como en el caso de Séneca, no es para representarla, sino para leerla en voz alta en círculos escogidos. Sin embargo, cultivan con gran fortuna la comedia, crítica de tipos humanos y de costumbres sociales.

Dos son los autores cómicos principales en Roma: Plauto y Terencio. El primero, de origen humilde, era actor hasta que decidió convertirse en comediógrafo con gran éxito. Sus obras representan personajes ridículos por sus deformidades morales, como el avaro de Aulularia, o el soldado fanfarrón en Miles gloriosus. El segundo, que era un esclavo liberado por su amo debido a su inteligencia y talento, era mucho más refinado y recibió la influencia de Menandro, el comediógrafo griego. Su obra completa, más sus traducciones de Menandro, se perdieron en un naufragio.

En Roma el teatro no tuvo el auge que en Grecia, debido a que sufrió la competencia de otros espectáculos de masas, como el circo o las luchas de los gladiadores, y a que el público selecto despreciaba los entretenimientos vulgares. como la comedia, la pantomima y el mimo, artes escénicas de gran auge en Roma, lo que algunos consideran como un signo de decadencia del teatro.

Con la caída del Imperio Romano y la llegada del Cristianismo, el teatro prácticamente desapareció, pues la Iglesia recién nacida consideraba el teatro algo demoniaco, y a los actores una especie de endemoniados, ya que podían cambiar su alma para representar a otros. Con estas ideas, el teatro entra en una época de oscuridad, de ocultación y casi inexistencia, hasta el comienzo del Renacimiento.

El teatro romano, en un principio, era de madera y era provisional. A partir del 60 a. C. se construyeron en piedra y mármol, y eran edificios diseñados especialmente para su finalidad. Los construían desde los cimientos y estaban divididos en dos partes iguales, la mitad para el escenario y la otra mitad para los espectadores. El escenario estaba cubierto y se ponían toldos para el público. Aportaron el telón, no descendente, sino ascendente; también tenía espacios de encuentro para el público en pasillos y corredores. En España tenemos varios teatros romanos, entre ellos el de Mérida, el mejor conservado del mundo.

Sobre la consideración del actor en tiempos clásicos, sólo tenemos que recordar que los actores (siempre varones) provenían de clases sociales muy humildes, casi siempre esclavos o libertos; constituían un grupo marginal y mal considerado. En Roma, por ejemplo, sabemos por el historiador Salustio que durante determinadas fiestas quien encontrara un actor por la calle podía matarlo impunemente, y que un actor fue condenado a muerte por señalar desde el escenario la grada donde estaba un patricio. Hubo, sin embargo, notables excepciones, y algunos actores, protegidos por el emperador, llegaron a tener fama y dinero, y cierta consideración social. Sobre el arte interpretativo y la formación que recibían nada se sabe.

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