ANTONIO MACHADO

Antonio Machado  (1875-1939)

Nació en Sevilla y vivió luego en Madrid, donde estudió. En 1893 publicó sus primeros escritos en prosa, mientras que sus primeros poemas aparecieron en 1901.

Las penurias económicas familiares por la muerte de su padre, primero, y de su abuela paterna -doña Cipriana Álvarez-, después, lo llevaron a una vida bohemia y disipada de teatro, tertulias de café… no acabó el Bachillerato hasta el año 1900. Viajó a París en 1899, ciudad que volvió a visitar en 1902, año en el que conoció a Rubén Darío, del que será gran amigo durante toda su vida.

En Madrid, por esas mismas fechas conoció a Unamuno, Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez y otros destacados escritores con los que mantuvo una estrecha amistad. Sacó la cátedra de Francés, para la que, por entonces no se requería titulación universitaria y fue destinado a Soria. Allí conoce y
se casa con Leonor Izquiedo.

Leonor era hija de los dueños de la pensión donde se alojaba, tenía solo quince años y su boda fue un escándalo en la localidad; pero la amó con toda el alma hasta el final de sus propios días. Su felicidad duró apenas
tres años. Una grave enfermedad pulmonar se la llevó en agosto de 1912. Tuvieron que regresar precipitadamente de París. Rubén Darío les prestó el dinero para el viaje de
regreso a Soria.

El éxito de la publicación de Campos de Castilla le ayudó a sobreponerse a la depresión que le causó. Angustiado y tratando de separarse de los paisajes y rincones que tanto le recordaban a su niña, pide el traslado de Instituto y va a Baeza,pero tampoco allí encuentra la paz de espíritu. La añoranza por la capital, por Castilla, lo llevan de nuevo esta vez a Soria donde lo sorprendería la guerra. Su fama ya es enorme, en 1927 fue elegido miembro de la Real Academia Española de la Lengua, nunca llegó a
pronunciar el discurso de ingreso.

Durante los años veinte y treinta escribió teatro en compañía de su hermano, también poeta, Manuel, estrenando varias obras entre las que destacan La Lola se va a los puertos, de 1929, y La duquesa de Benamejí, de 1931. En 1932 recibe un homenaje en su querida Soria (foto inferior derecha). Cuando estalló la Guerra Civil española estaba en Madrid. Posteriormente se trasladó a Valencia, y Barcelona, y en enero de 1939 se exilió al pueblo francés de Colliure, donde murió en febrero

Su poesía es precisa y sencilla en el lenguaje. Plasma un paisaje realista de Castilla deteniéndose en lo abrupto y pobre y monótono de los detalles desde una perspectiva noventaYochista para interiorizarlos y reflejar en
ellos sus propias vivencias personales. Ve en esa pobreza la sencillez que fuerza a la grandeza del espíritu que formó al gran pueblo
castellano capaz de las mayores proezas. Quiere que su poesía se parezca
en sencillez y fuerza expresiva a ese paisaje (“Campos de Soria”). Sus
poemas reflejan el sentir dolido por la patria.

Entre sus obras poéticas destacaremos Soledades, galerías y otros poemas en 1903, Campos de Castilla, en 1912,  Nuevas canciones en 1925 y La guerra en 1938.

https://www.rtve.es/alacarta/videos/documentales-en-el-archivo-de-rtve/nombres-del-98-antonio-machado-lomos-quimera/2395452/

A continuación un breve documental sobre su vida y obra: Antonio Machado. Yo voy soñando caminos. También os enlazamos una película documental dirigida por Chapero-Jackson en torno a la figura de Antonio Machado. «Los mundos sutiles» recrea el mundo interior y los paisajes que sustentaron la vida del poeta, utilizando elementos de su poesía para abordar todos los temas de su obra.

MACHADO EN SUS TEXTOS

Para comenzar a conocer a don Antonio Machado, nada mejor que su “Autorretrato” realizado por encargo. Únicamente destacar que aún no ha conocido a Leonor cuando lo compone, las demás claves son fáciles de
interpretar. De él destacaría su “soy, en el buen sentido de la palabra,
bueno”, el rechazo a sus inicios modernistas -gay trinar- y a la vida
bohemia que había llevado en su primera etapa de Madrid, poetas más
preocupados por su aspecto, su indumentaria y su fama que por su obra
-tenores huecos, actual cosmética-; y su punto de rebeldía -gotas de
sangre jacobina-.

Respecto a su torpe aliño indumentario, es conocida la
crítica de Juan Ramón sobre que iba siempre cubierto de ceniza –era un
fumador empedernido- y con los bolsillos de la chaqueta llenos de
colillas. Su concepto de la poesía también queda fijado “…Dejar quisiera
/ mi verso como deja el capitán su espada: / famosa por la mano viril que la blandiera”, importa más la utilidad, el mensaje, que la forma y la belleza, ahí está su filiación regenarcionista bajo la influencia de don Miguel de Unamuno. Y el final del poema es casi profético. En la huida precipitada de Barcelona perdió incluso la preciada maleta donde transportaba los pocos libros que le habían acompañado en el viaje desde Valencia. Ya nada le quedaba en Colliure.

RETRATO
Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura1 el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín1 he sido
—ya conocéis mi torpe2 aliño3 indumentario4—,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial5 sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites6 de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar7.
Desdeño las romanzas8 de los tenores huecos
y el coro de los grillos9 que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera10,
no por el docto oficio11 del forjador12 preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática13 con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; me debéis cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago14.
Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar15,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

1: Mañara es un personaje histórico nacido en Sevilla en el siglo XVII. Después de una vida de escándalos y correrías amorosas, acabó metiéndose a fraile. Se tiene en la época como arquetipo de don Juan Tenorio. Será
protagonista de una pieza teatral firmada por Manuel y Antonio Machado y
estrenada en 1927, Juan de Mañara.

2: Bradomín: es un personaje literario creado por Valle-Inclán en sus Sonatas, se trata de un aspirante a seductor romántico y trasnochado que no es consciente de la transformación de los tiempos.

3: Luis Montoto nos reproduce la siguiente descripción de Antonio Machado y Álvarez, padre del poeta: “Siempre extrañé el desembarazo y desaliño de su persona. Suelta la corbata, desabrochado el cuello de la camisa, subido el pantalón al extremo de dejar al descubierto toda la bota, vestido de verano en invierno y arrastrando la capa cuando se la colgaba de los hombros; despeinado siempre, pero limpio, locuaz y exaltado, el desaliño de su persona contrastaba con lo pulido de su conversación y la
finura de sus maneras y su trato” (El folklore andaluz, 1882-1883, Sevilla, 1981, pág. XVIII).

4: Las flechas de Cupido podían tener punta de oro o de plomo. Si eras herido con una de oro recibías el premio del amor correspondido. Pero si lo eras con una de plomo, la condena del amor ignorado, no correspondido. Debemos insistir en que aún no ha conocido a Leonor cuando escribe el oema y que usa el singular (“flecha”); la expresión “…cuanto ellas puedan tener de hospitalario” debemos entenderla en clave irónica, en la identificación del amor y el sufrimiento.

6: Los jacobinos constituían el ala dura de la Revolución Francesa: con ello se refiere a su espíritu rebelde e inconformista ante todo.

7: Ronsard es un poeta francés del siglo XVI conocido como el “Príncipe de los poetas”. “El huerto de Ronsard” hemos de entenderlo como “Francia”. Ya sabemos de sus inicios modernistas en la poesía y de la influencia del Parnasianismo -Theophile Gautier- y Simbolismo -Paul Verlaine- franceses que Machado leyó directamente.

8: Machado no concibe la poesía carente de mensaje y de compromiso. Por su correspondencia con Unamuno sabemos de su rechazo a la moda del “ar te por el arte”, de su incapacidad para concebir la poesía como una profesión. “…un hombre consagrado a la poesía paréceme que no será nunca poeta.”, nos dirá en un prólogo compuesto para un amigo –Helénicas, Manuel Hilario Ayuso-.

9: Quien tiene voz propia y es original -Rubén Darío- de quienes no son sino imitadores del genio.

10: Es la voz interior como veremos inmediatamente.

11: Es una vuelta a la idea anterior. La espada que se aprecia por lo bien que el profesional ha hecho su trabajo es la poesía perfecta en composición o arte -Echegaráy o Rubén Darío-. Prefiere ser recordado porque su poesía haya sido útil, librado batallas, sea valiente. La perfección formal es un medio, nunca un fin en sí mismo para Antonio Machado.

12: Dios es una incógnita constante a cuya búsqueda se entrega sin la “agonía” de Unamuno como veremos más adelante. Es bonito el verso por cuanto afirma sus “esperanzas”, no hay renuncia ni negación.

13: Se refiere a esa voz interior que todos llevamos dentro.

14: Amor al género humano, ser desprendido y generoso con los demás.

15: En la simbología machadiana se repite la clave Manriqueña de “mar = muerte”, la nave puede ser el cuerpo que nos mantiene vivos, aunque en este caso se trata de un guiño a la tradición latina del barquero -Caronte- que, en ese último viaje, nos lleva hasta la isla de los muertos atravesando la laguna Estigia.

Es importante comprender cómo la intrahistoria de Unamuno nos invita a posar los ojos sobre Castilla, mirarla cara a cara, sin adornos, para
descubrir en su dureza la clave que forjó el duro espíritu de una raza
que fue capaz de dominar el mundo. La austeridad y la pobreza nos llevan
al trabajo constante como único modo de subsistencia y no hay mejor
escuela para la vida. De ahí que no haya en el próximo poema ningún
halago a los sentidos. Si os fijáis, se resalta la dureza del paisaje.
Pero una vez fijada, se afirma el amor del poeta identificado por la
pureza que respira esa pobreza misma.

¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas
por donde traza el Duero  su curva de ballesta
en torno a Soria, obscuros encinares,
ariscos pedregales, calvas sierras,
caminos blancos y álamos del río,
tardes de Soria, mística y guerrera,
hoy siento por vosotros, en el fondo
del corazón, tristeza,
tristeza que es amor! ¡Campos de Soria
donde parece que las rocas sueñan,
conmigo vais! ¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas!...

(Para el comentario de texto de este poema puedes ver  http://www.vmorales.es/Comentarios/Machado/Antonio_Machado_Campos_de_soria.pdf)

Ya hemos visto cómo conoce a Leonor y su matrimonio abre la etapa más
feliz de su vida, una felicidad que le duró poco. Cuando regresa de
París a Soria, aún tiene la esperanza de una posible recuperación de su
amada contra todo pronóstico. Como en tantos otros poemas, Antonio
Machado parte de la anécdota exterior para usarla de espejo en el que
proyectar sus propias vivencias personales, sus propios sentimientos.
Aún confía en que “otro milagro de la primavera” permita que su joven
esposa escape de las garras de la muerte ya inminente.

A UN OLMO SECO
  Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.
  ¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
  No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
  Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
  Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas, 
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
(Para el comentario de texto ver: http://www.comentariodetexto.com/a-un-olmo-seco-de-antonio-machado/)

Pero la muerte llega inexorable. El dolor de vacío, de rebeldía, de resignación hueca, lo encontramos en estos versos de una intensidad como pocas veces se ha logrado en la poesía española:

SEÑOR, YA ME ARRRANCASTE LO QUE YO MÁS QUERÍA

Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería.

Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.

Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.

Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.

El misterio de la muerte lo perseguirá desde entonces y se reproducirá como tema en muchos de sus poemas. Pero el tema empieza siendo íntimo y personal, la experiencia de la muerte de un ser querido la observamos en este poema donde el poeta se pregunta por qué ha pasado. Espero que te guste:

NOCHE DE VERANO

Es una hermosa noche de verano.

Tienen las altas casas

abiertos los balcones

del viejo pueblo a la anchurosa plaza.

En el amplio rectángulo desierto,

bancos de piedra, evónimos y acacias

simétricos dibujan

sus negras sombras en la arena blanca.

En el cénit, la luna, y en la torre,

la esfera del reloj iluminada.

Yo en este viejo pueblo paseando

solo, como un fantasma.

Después viene la regresión, o la ensoñación. La presencia de Leonor se deja sentir viva, vivida, cercana. Observa este poema:

SOÑÉ QUE TÚ ME LLEVABAS…

Soñé que tú me llevabas

por una blanca vereda,

en medio del campo verde,

hacia el azul de las sierras,

hacia los montes azules,

una mañana serena.

Sentí tu mano en la mía,

tu mano de compañera,

tu voz de niña en mi oído

como una campana nueva,

como una campana virgen

de un alba de primavera.

¡Eran tu voz y tu mano,

en sueños, tan verdaderas!…

Vive, esperanza, ¡quién sabe

lo que se traga la tierra

El dolor de los recuerdos en espacios, paisajes, lugares comunes resulta demasiado doloroso y huye. Solicita el traslado a Baeza pero tampoco allí logrará hallarse a sí mismo,

AÑORANZA DE LA TIERRA CASTELLANA DESDE ANDALUCÍA

EN ESTOS CAMPOS DE LA TIERRA MÍA…

En estos campos de la tierra mía,

y extranjero en los campos de mi tierra

—yo tuve patria donde corre el Duero

por entre grises peñas,

y fantasmas de viejos encinares,   -5

allá en Castilla, mística y guerrera,

Castilla la gentil, humilde y brava,

Castilla del desdén y de la fuerza—,

en estos campos de mi Andalucía,

¡oh tierra en que nací!, cantar quisiera.   -10

Tengo recuerdos de mi infancia, tengo

imágenes de luz y de palmeras,

y en una gloria de oro,

de lueñes campanarios con cigüeñas,

de ciudades con calles sin mujeres     -15

bajo un cielo de añil, plazas desiertas

donde crecen naranjos encendidos

con sus frutas redondas y bermejas;

y en un huerto sombrío, el limonero

de ramas polvorientas     -20

y pálidos limones amarillos,

que el agua clara de la fuente espeja,

un aroma de nardos y claveles

y un fuerte olor de albahaca y hierbabuena,

imágenes de grises olivares       -25

bajo un tórrido sol que aturde y ciega,

y azules y dispersas serranías

con arreboles de una tarde inmensa;

mas falta el hilo que el recuerdo anuda

al corazón, el ancla en su ribera,   -30

o estas memorias no son alma. Tienen,

en sus abigarradas vestimentas,

señal de ser despojos del recuerdo,

la carga bruta que el recuerdo lleva.

Un día tornarán, con luz del fondo ungidos,   -35

los cuerpos virginales a la orilla vieja.

El regeracionismo, su formación en la Institución Libre de Enseñanza cuando llega a Madrid, el krausismo, lo llevan a un análisis de los males que
aquejan a nuestro país. Dos son los que más rebelan a nuestro poeta: el
anquilosamiento y el inmovilismo social que identifica con una clase
dominante y cacique, y la ignorancia que nos condena como una maldición
bíblica. Sobre eso, el vició nacional por excelencia (ya lo señaló Ángel
Ganivet, otro noventaiochista): la envidia. Observa los siguientes
poemas:

EL MAÑANA EFÍMERO

La España de charanga y pandereta,
cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María,
de espíritu burlón y alma inquieta,
ha de tener su mármol y su día,
su infalible mañana y su poeta.
En vano ayer engendrará un mañana
vacío y por ventura pasajero.
Será un joven lechuzo y tarambana,
un sayón con hechuras de bolero,
a la moda de Francia realista
un poco al uso de París pagano
y al estilo de España especialista
en el vicio al alcance de la mano.
Esa España inferior que ora y bosteza,
vieja y tahúr, zaragatera y triste;
esa España inferior que ora y embiste,
cuando se digna usar la cabeza,
aún tendrá luengo parto de varones
amantes de sagradas tradiciones
y de sagradas formas y maneras; florecerán las barbas apostólicas,
y otras calvas en otras calaveras
brillarán, venerables y católicas.
El vano ayer engendrará un mañana
vacío y ¡por ventura! pasajero,
la sombra de un lechuzo tarambana,
de un sayón con hechuras de bolero;
el vacuo ayer dará un mañana huero.
Como la náusea de un borracho ahíto
de vino malo, un rojo sol corona
de heces turbias las cumbres de granito;
hay un mañana estomagante escrito
en la tarde pragmática y dulzona.
Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza,
con esa eterna juventud que se hace
del pasado macizo de la raza.
Una España implacable y redentora,
España que alborea
con un hacha en la mano vengadora,
España de la rabia y de la idea

Zaragatera: Bullicioso, aficionado a zaragatas.

Tarambana: Persona alocada, de poco juicio.

Vacuo: Vacío, falto de contenido.

Huero: Vano, vacío y sin sustancia.

Ahíto: Que padece alguna indigestión o empacho.

Heces: pl. de “hez”, excrementos.

LIII

Ya hay un español que quiere

vivir y a vivir empieza,

entre una España que muere

y otra España que bosteza.

Españolito que vienes

al mundo, te guarde Dios.

Una de las dos Españas

ha de helarte el corazón.

SOBRE LA NATURALEZA HUMANA:

X:

La envidia de la virtud

hizo a Caín criminal.

¡Gloria a Caín! Hoy el vicio

es lo que se envidia más.

XXIV:

De diez cabezas, nueve

embisten y una piensa.

Nunca extrañéis que un bruto

se descuerne luchando por la idea.

L:

—Nuestro español bosteza.

¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío?

Doctor, ¿tendrá el estómago vacío?

—El vacío es más bien en la cabeza.

XXVI

Poned sobre los campos

un carbonero, un sabio y un poeta.

Veréis cómo el poeta admira y calla,

el sabio mira y piensa…

Seguramente, el carbonero busca

las moras o las setas.

LlevadIos al teatro

y sólo el carbonero no bosteza.

Quien prefiere lo vivo a lo pintado

es el hombre que piensa, canta o sueña.

El carbonero tiene

llena de fantasías la cabeza.

LII

Discutiendo están dos mozos

si a la fiesta del lugar

irán por la carretera

o campo atraviesa irán.

Discutiendo y disputando

empiezan a pelear.

Ya con las trancas de pino

furiosos golpes se dan;

ya se tiran de las barbas,

que se las quieren pelar.

Ha pasado un carretero,

que va cantando un cantar:

«Romero, para ir a Roma,

lo que importa es caminar;

a Roma por todas partes,

por todas partes se va.»

En Campos de Castilla también encontramos al filósofo. Si su titulación académica fue tardía, recordemos que cursó después Filosofía. Su evolución lo lleva a ser cada vez más filósofo y menos poeta, de ahí que cultive más la prosa que la poesía. Como filósofo, admirador de los alemanes, centrará sus
reflexiones sobre el concepto de realidad y verdad. Algo de esto podemos
encotrar ya en esta obra, observa los siguientes poemas:

SOBRE EL SENTIDO DE LA VIDA:

XIII

Es el mejor de los buenos

quien sabe que en esta vida

todo es cuestión de medida:

un poco más, algo menos…

SOBRE EL CONOCIMIENTO Y LA REALIDAD

IV

Nuestras horas son minutos

cuando esperamos saber,

y siglos cuando sabemos

lo que se puede aprender.

VIII

En preguntar lo que sabes

el tiempo no has de perder..

Y a preguntas sin respuesta

¿quién te podrá responder?

XXX

El que espera desespera,

dice la voz popular.

¡Qué verdad tan verdadera!

La verdad es lo que es,

y sigue siendo verdad

aunque se piense al revés.

Comparte con Unamuno su búsqueda permanente de Dios, sin llegar a la “agonía” de don Miguel. En este primer poema observamos cómo fija su atención en el “que anduvo sobre la mar”. Jesús caminando sobre el mar, la muerte, el que resucitó de entre los muertos, es el que nos muestra el camino hacia la eternidad. Pero su duda no es agónica, sino de aceptación. En los siguientes poemas encontrarás este tipo de reflexiones:

SU BÚSQUEDA DE DIOS

LA SAETA

¿Quién me presta una escalera,

para subir al madero,

para quitarle los clavos

a Jesús el Nazareno?

Saeta Popular

¡Oh, la saeta, el cantar

al Cristo de los gitanos,

siempre con sangre en las manos,

siempre por desenclavar!

¡Cantar del pueblo andaluz,

que todas las primaveras

anda pidiendo escaleras

para subir a la cruz!

¡Cantar de la tierra mía

que echa flores

al Jesús de la agonía,

y es la fe de mis mayores!

¡Oh, no eres tú mi cantar!

¡No puedo cantar ni quiero

a ese Jesús del madero,

sino al que anduvo en el mar!

XXI

Ayer soñé que veía

a Dios y que a Dios hablaba;

y soñé que Dios me oía…

Después soñé que soñaba.

XXVIII

Todo hombre tiene dos

batallas que pelear:

en sueños lucha con Dios;

y despierto, con el mar.

XLVI

Anoche soné que oía

a Dios, gritándome: ¡Alerta!

Luego era Dios quien dormía,

y yo gritaba: ¡Despierta!

La aceptación de la muerte como algo inevitable, como parte de la vida, la
encontramos en estos poemas. Ya no es el dolor ante la pérdida de un ser
querido o el sentido más o menos trascendente del hombre hacia la
eternidad, sino el hecho en sí que abrocha y da sentido a la vida.
Observa:

EL HOMBRE ANTE LA MUERTE

XXIX

Caminante, son tus huellas

el camino, y nada más;

caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace camino,

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante, no hay camino,

sino estelas en la mar.

XLIV

Todo pasa y todo queda;

pero lo nuestro es pasar,

pasar haciendo caminos,

caminos sobre la mar.

XLV

Morir. ¿Caer como gota

de mar en el mar inmenso?

¿O ser lo que nunca ha sido:

uno, sin sombra y sin sueño,

un solitano que avanza

sin camino y sin espejo?

Si además te gusta la música te recomiendo este enlace donde encontrarás algunos de sus poemas musicados por Serrat:

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